Familia y origen
En 1990, nuestra familia llegó a San Antonio de Requena con una intuición: que esta tierra guardaba algo singular. Durante dos años estudiamos los suelos, el clima y el entorno para comprender cómo debía nacer este proyecto.

El comienzo
La historia de Chozas Carrascal no nace de una receta, sino de una decisión familiar: observar un paisaje, recuperar su memoria vitícola y volver a plantar donde la tierra ya había hablado antes.
Ese primer gesto —estudiar, esperar, interpretar— sigue estando presente en cada vino y en cada nueva añada.
Dos generaciones
Hoy, la segunda generación continúa escribiendo esta historia entre viñas, depósitos, barricas y botellas en reposo.
La continuidad no se presenta como nostalgia, sino como una forma contemporánea de cuidar el origen: mantener la memoria de la familia y abrir nuevos caminos desde el conocimiento, la imagen, la bodega y la experiencia.
Cuidar el origen no significa quedarse quietos.

El arte de observar
Cada añada trae una pregunta distinta. Por eso, la elaboración se entiende como una conversación pausada con el viñedo.


Dejamos que el vino siga su curso y nos adaptamos a sus necesidades.
Una línea fina, sin exceso de datos, para que la historia conserve ritmo editorial y no parezca una presentación corporativa.

La bodega como memoria
La historia también está escrita en los espacios: la antigua bodega, las salas de crianza, el museo, los depósitos, las barricas y las botellas en reposo.
Cada rincón habla de una transformación pausada. Una familia que ha querido avanzar incorporando tecnología, investigación y nuevas formas de elaborar, sin desplazar nunca a la verdadera protagonista: la tierra.


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Continúa en cada persona que recorre la bodega, descubre sus salas, conversa con la familia y comparte una copa junto al viñedo.
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