Chozas Carrascal · La Finca
La viña, el olivar, las carrascas, el viento y la altitud conviven en una finca donde cada fruto nace de una misma forma de mirar.
DescubrirEl origen
En nuestra finca, el campo no es un escenario previo a la bodega. Es el principio de todo.
La orientación de las parcelas, la textura del suelo, el sol, las noches frescas y los vientos que atraviesan la finca van marcando una identidad propia, silenciosa y reconocible.
Aquí, la viña y el olivar no viven como mundos separados. Forman parte de un mismo paisaje mediterráneo, de una misma manera de entender la tierra y de una misma búsqueda: elaborar desde el respeto, sin prisa y con memoria.

Altitud, viento y tiempo
La finca se encuentra en un enclave donde el clima mediterráneo-continental, la altitud y la diferencia térmica entre el día y la noche acompañan una maduración más pausada.
No se trata solo de condiciones técnicas. Se trata de una manera de crecer: con más tiempo, más tensión natural y una expresión profundamente ligada al paisaje de Requena.

El parcelario
La finca no se trabaja como una sola pieza. Cada parcela tiene su orientación, su suelo y su ritmo de maduración, y por eso cada una entra en bodega por separado. Recórrelas sobre el mapa.
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Dos frutos, una misma finca


Chozas Carrascal

Biodiversidad
Entre viñas y caminos crecen carrascas, tomillo, lavanda y plantas propias del entorno mediterráneo.
A su alrededor, insectos, aves y depredadores naturales ayudan a sostener el equilibrio de la finca. Esta vida no es decorativa. Forma parte de una manera de cultivar que entiende el campo como un organismo completo.
El árbol que da nombre y carácter al paisaje. Presencia mediterránea, sombra, memoria y equilibrio natural.
Tomillo, lavanda y monte bajo acompañan la finca y construyen un entorno vivo alrededor de la viña.
Insectos, aves y pequeños depredadores naturales ayudan a reducir intervenciones y sostener la biodiversidad.


La viña
En la finca crecen variedades mediterráneas y variedades internacionales que, con los años, han encontrado aquí una voz propia.
Raíz local, frescura y carácter profundo del territorio.
Expresión mediterránea, fruta y sensibilidad en la maduración.
Estructura fina, elegancia y lectura precisa del suelo.
Profundidad aromática, tensión y carácter cálido.
Firmeza, longitud y capacidad de guarda.
Amabilidad, textura y equilibrio en el ensamblaje.
Intensidad mediterránea y madurez serena.
Equilibrio, fruta y memoria vitícola.
Frescura, amplitud y una lectura luminosa de la finca.
Precisión aromática y vivacidad natural.
Tradición, frescura y vínculo con los cavas de la casa.
La identidad nace de cómo todas dialogan con el lugar.
Cultivar con respeto
La sostenibilidad no se entiende como una capa añadida al discurso. Es una manera de estar en el campo.
La finca deja de utilizar herbicidas, dando un paso importante hacia una viticultura más respetuosa con el suelo y con el entorno.
Se incorpora el uso de abono orgánico con estiércol de oveja, favoreciendo la vida del suelo y el equilibrio natural del viñedo.
La finca continúa evolucionando desde una mirada sostenible, entendiendo cada decisión de campo como parte de la identidad de Chozas Carrascal.
El olivar

En una parcela de 18 hectáreas, cerca de los 800 metros de altitud, crece la variedad cornicabra. Un olivar adaptado a suelos pobres, zonas frías y paisajes exigentes.
Mirall de la Terra nace como una prolongación natural de Chozas Carrascal: un aceite intenso, verde y mediterráneo, con recuerdos a tomate, hierbas de monte, alcachofa y frutos secos.
Descubrir el aceite
La mejor forma de entender Chozas Carrascal es recorrer su paisaje: la viña, el olivar, la bodega y todo aquello que sucede antes de llegar a la copa.