Chozas Carrascal · La Finca

Antes de hacer vino, observamos la tierra.

La viña, el olivar, las carrascas, el viento y la altitud conviven en una finca donde cada fruto nace de una misma forma de mirar.

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El origen

La finca no se explica. Se recorre.

En nuestra finca, el campo no es un escenario previo a la bodega. Es el principio de todo.

La orientación de las parcelas, la textura del suelo, el sol, las noches frescas y los vientos que atraviesan la finca van marcando una identidad propia, silenciosa y reconocible.

Aquí, la viña y el olivar no viven como mundos separados. Forman parte de un mismo paisaje mediterráneo, de una misma manera de entender la tierra y de una misma búsqueda: elaborar desde el respeto, sin prisa y con memoria.

La finca — Paisaje

Altitud, viento y tiempo

El carácter del lugar se forma despacio.

La finca se encuentra en un enclave donde el clima mediterráneo-continental, la altitud y la diferencia térmica entre el día y la noche acompañan una maduración más pausada.

No se trata solo de condiciones técnicas. Se trata de una manera de crecer: con más tiempo, más tensión natural y una expresión profundamente ligada al paisaje de Requena.

Altitud — Imagen vertical
750–840metros de altitud
350–400litros de lluvia anual
+3.000horas de sol al año
+15días de maduración más pausada

El parcelario

Catorce parcelas.
Catorce formas de madurar.

La finca no se trabaja como una sola pieza. Cada parcela tiene su orientación, su suelo y su ritmo de maduración, y por eso cada una entra en bodega por separado. Recórrelas sobre el mapa.

Mapa parcelario de la finca de Chozas Carrascal

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Dos frutos, una misma finca

La viña y el olivar no son dos relatos. Son dos formas de escuchar la misma tierra.

Viña y olivar — Imagen vertical
Viña y olivar — Imagen

La finca no termina en el paisaje. Continúa en cada vino, en cada cava y en cada aceite.

Chozas Carrascal

Biodiversidad — Imagen

Biodiversidad

Un paisaje con vida propia.

Entre viñas y caminos crecen carrascas, tomillo, lavanda y plantas propias del entorno mediterráneo.

A su alrededor, insectos, aves y depredadores naturales ayudan a sostener el equilibrio de la finca. Esta vida no es decorativa. Forma parte de una manera de cultivar que entiende el campo como un organismo completo.

La bodega — Botellas en reposo
La bodega — Familia brindando

La viña

Variedades que conviven en un mismo paisaje.

En la finca crecen variedades mediterráneas y variedades internacionales que, con los años, han encontrado aquí una voz propia.

Cultivar con respeto

Cuidar la tierra es pensar en quienes vendrán después.

La sostenibilidad no se entiende como una capa añadida al discurso. Es una manera de estar en el campo.

  1. 2002

    La finca deja de utilizar herbicidas, dando un paso importante hacia una viticultura más respetuosa con el suelo y con el entorno.

  2. 2004

    Se incorpora el uso de abono orgánico con estiércol de oveja, favoreciendo la vida del suelo y el equilibrio natural del viñedo.

  3. Hoy

    La finca continúa evolucionando desde una mirada sostenible, entendiendo cada decisión de campo como parte de la identidad de Chozas Carrascal.

El olivar

Mirall de la Terra: el otro reflejo de la finca.

El olivar — Imagen

El aceite como paisaje.

En una parcela de 18 hectáreas, cerca de los 800 metros de altitud, crece la variedad cornicabra. Un olivar adaptado a suelos pobres, zonas frías y paisajes exigentes.

Mirall de la Terra nace como una prolongación natural de Chozas Carrascal: un aceite intenso, verde y mediterráneo, con recuerdos a tomate, hierbas de monte, alcachofa y frutos secos.

Descubrir el aceite
La finca — Cierre (fondo)

Ven a caminar la finca.

La mejor forma de entender Chozas Carrascal es recorrer su paisaje: la viña, el olivar, la bodega y todo aquello que sucede antes de llegar a la copa.