
Aceite de oliva virgen extra
Un aceite nacido en la parte alta del Pago Chozas Carrascal.
Antes de ser aceite
Hay paisajes que pueden contarse de muchas formas.
En Chozas Carrascal, la viña y el olivo comparten la misma tierra, la misma altura y el mismo horizonte. Pero cada fruto la interpreta a su manera.
En la parte alta de la finca, cerca de los 800 metros, los olivos crecen entre suelos francos y pedregosos. Allí, la Cornicabra transforma las condiciones del paisaje en aroma, textura y sabor.
De ahí nace Mirall de la Terra.
La tierra, reflejada en cada gota.

El reflejo
Mirall de la Terra nace como otra expresión. No pretende añadir nada a su origen: solo reflejarlo.
El fruto, la piedra, la altura y el paso del tiempo se encuentran en un aceite de marcada identidad mediterránea.


Una misma finca · dos cultivos · un mismo origen
El olivar
El olivar ocupa una parcela de 18 hectáreas en la zona alta de la finca, próxima a los 800 metros de altitud.
Los suelos son francos y pedregosos y el marco de plantación es rectangular, de 5×6 metros. En estas condiciones crece la Cornicabra, protagonista indiscutible de Mirall de la Terra.
Su adaptación a suelos pobres y zonas frías explica por qué esta variedad encontró aquí un lugar especialmente adecuado para desarrollar su potencial.
100% Cornicabra
Carácter, intensidad y persistencia.


La cata
Mirall de la Terra expresa un perfil intenso y persistente. La información de cata de la bodega destaca su carácter aromático, los recuerdos vegetales y de frutos secos y el equilibrio entre dulzor, amargor y un ligero picante final.
Extraído de olivos centenarios del Pago Chozas Carrascal, Mirall de la Terra reúne en una botella una interpretación esencial del paisaje mediterráneo de la finca.
Un reflejo de la tierra que lo hace posible.


La viña y el olivo comparten paisaje. Cada uno lo transforma en un lenguaje diferente.