
Vino de finca
El blanco de la segunda generación.
Un vino fresco, sedoso y envolvente, nacido de la luz de la finca y afinado lentamente sobre lías y fudre.
Una forma de mirar la finca
No busca imponerse.
No necesita alzar la voz.
Su elegancia está en la calma, en la precisión y en esa frescura que permanece después de cada copa.
Es un blanco que habla de continuidad.
De una generación que recibe una historia familiar y la transforma en una expresión más limpia, luminosa y contemporánea.
La herencia no siempre se grita.
A veces se sirve en silencio.


Garnacha blanca como punto de partida. Tiempo como forma de profundidad.
ANMA Blanco nace de una elaboración delicada: maceración pelicular a baja temperatura, selección del mosto flor, crianza sobre lías y una maduración posterior en fudre.
No se trata solo de hacer un blanco fresco. Se trata de darle textura, memoria y permanencia.

Solo entonces la luz deja de ser instante y se convierte en vino.
Segunda generación, lías finas y fudre
ANMA Blanco reposa primero en acero inoxidable, conservando su pureza, su tensión y su carácter más directo.
Después, el tiempo sobre lías le aporta volumen, suavidad y una sensación más envolvente en boca.
Finalmente, el fudre de 5.000 litros le concede profundidad sin ocultar su frescura.
Madera como respiración. No como peso.
De ese equilibrio nace su personalidad:
un blanco vivo, sedoso y estructurado.


La cata
ANMA Blanco se muestra amarillo pajizo, limpio y brillante, con reflejos dorados. En nariz aparecen flores blancas, recuerdos cítricos, albaricoque y una miel suave que aporta delicadeza. En boca tiene un ataque fresco y vivo: sedoso, envolvente y estructurado, con un final mineral que prolonga la sensación de finca.
Servir entre 8 y 10 ºC. Abrir sin prisa, dejar que la copa respire unos minutos, observar el brillo dorado y acercar la nariz antes del primer sorbo.
ANMA Blanco acompaña aperitivos, pescados ligeros, sushi, mariscos, pastas, arroces y carnes blancas. Pero su mejor maridaje es el instante: una mesa sencilla, una conversación larga, una luz suave entrando por la copa.
No se sirve solo un vino.
Se sirve una forma de entender el tiempo.

